jueves, 18 de abril de 2013

Doctor


Humilde sencillez
Glorioso por su nobleza infinita.

Doctor de los pobres
Hoy te debemos todo a ti
Aquel sacrificio que tú has hecho por mí.

Cuanto amor, cuánta tristeza
Cuantos quebrantos hay en ti
Siempre ha sido luchar por la salud de los niños
Y por el bien de toda una comunidad.

No le importaba la hora ni el día, ni las distancias
Ni aquel temporal
Siempre allí presente
Con su guardapolvo blanco como doctor y como maestro
De los humildes de mucho valor.

Gracias doctor por salvar a tanta y tanta vida
Y a cuántos niños más de nuestra ciudad
Hoy te valoramos toda una ciudad
Por tu gran capacidad aunque ya no estás.

Pero siempre te recordamos
Porque tú estás en el corazón de los niños
Y aquellos ancianos mercedeños.

Tu imagen vive
Brilla allá en lo alto del cielo
Nunca se murió ni morirá jamás
En lo profundo de mi ser.

Porque frustrado ha quedado tu trabajo de buen doctor
Hoy más que nunca te llevo en mi corazón
Como tú no hay a quien comparar.

Rosita Ramírez (Barrio Castello)



Leer más...

Poema de Neli Barboza


Recordando al Dr. Ferrari

Te lo dedican nuestros hijos, nuestros nietos, y también los viejos… como nos decías.


Andabas por las calles
como todo hombre carnal,
pero fuiste para nosotros
como un ángel celestial.


Eras nuestro amigo,
con todos tratabas…
humildes o ricos,
eso no importaba.


Tu rostro demostraba
tanta seriedad,
pero en tu alma siempre,
hubo caridad.


Llegabas a nuestras casas,
tratando a todos por igual,
virtudes que hay sólo
en un hombre cabal.


Nunca pensamos
que tú, doctor, nos dejarías.
Pero Dios te necesitaba
y te alejó de nuestras vidas.


Atendiste con pasión
a nuestros hijos y nietos,
que hoy recuerdan con orgullo
aquel hombre tan inquieto.


Te consideraban un hijo
los de la tercera edad.
lo que fue un hermoso sueño,
hoy es triste realidad.


Dejaste muchos hijos.
No te podremos olvidar.
Con estos sencillos versos,
hoy te quiero recordar.

Neli (Paciente, uno de sus “niños” de la tercera edad).

Publicado en el Semanario Pay Ubre el 13 de septiembre de 2002




Leer más...

El doctor de todos…


Ricardo Rafael Ferrari,
hombre honesto…
trabajador… dispuesto…
humilde y sobre todo, desinteresado.
No morirá tu nombre,
en la historia de Mercedes quedará grabado.

Médico de tu pueblo,
sanador de cuerpos lastimados;
compañero de tus hijos y tu esposa,
y aun así… en todo interesado.

Dejaste tus ideas donde fuiste…
dejaste sentimientos arraigados.
Diste consejos, muchas amistades,
dejaste el camino bien sembrado.

Sos un ejemplo para mi Mercedes.
Fuiste un ser iluminado.
Seguro… Dios decidió llevarte,
para sentirse con vos, acompañado.


Violeta Van Derlan - Mayo 2002






Leer más...

Ricardo Rafael Ferrari


Ricardo Rafael Ferrari
Correntino y Mercedeño,
Fuiste a contarle a Rosario
Tus más íntimos secretos,
Del hechizo de esos ojos
De la dama del misterio,
Qué llamada “Medicina”,
Te “engualichaba” por dentro,
Y allá… Rosario fue cómplice,
Al ayudarte en tus sueños.
Y lograste el objetivo
De conquistar el misterio
Que escondía “Medicina”
Detrás de sus ojos negros!
Así Ricardo, mi amigo,
Con tesón y mucho esfuerzo,
Logró que la Medicina,
Esa novia del misterio,
Rindiera plaza y entregue
Aquel titulo de Médico,
Para que pueda Mercedes
Entre sus brazos eternos
Abrigar para su infancia
Un Pediatra de los buenos.

Ricardo… fueron los niños
Tu afán, los pobres y enfermos.
Y les diste el corazón
Que nos comprende a los médicos.
Y fuiste amigo y tutor
Lleno de amor y de afecto
Y tu sonrisa una flor
Aromando los consejos
Pero un día ese Señor,
De la tierra y de los cielos,
A su lado te llamó
Para que vieras de lejos
Las semillas que sembraste
Con tu constancia y ejemplo
Ricardo Rafael Ferrari,
Mi querido hermano médico.

Yo iré algún día de estos
A visitarte en Mercedes
En el Pay Ubre del cielo
Para que juntos veamos,
¡Otra vez… nuestros enfermos!


Héctor Ramón Brisighelli 05/04/12



Leer más...

Será


¿Será que porque la primer cara que vimos
Y la primer voz que escuchamos
Fue la tuya
Que necesitaríamos luego con la primera luz del día
Tu voz y tu cara para despertarnos
(O sino llegábamos tarde a la escuela)
... Que aún hoy a veces, al despertarnos
Lo hacemos con tu voz y tu cara?

¿Será que hablabas tanto
(Que parabas a la gente en las esquinas)
Que aún hoy a veces, nos encontramos
Sin darnos cuenta hablando solos... con vos?

¿Será porque admirabas la justicia
Que si hacíamos macanas
Podíamos “terminar en cana”
Que hoy pensamos qué es más justo
Y no qué nos conviene?

¿Será que porque te gustaba tanto
La Familia unida, y los amigos
Que hoy solo si estamos juntos
No te extrañamos tanto?

¿Será que porque para vos era más importante
Trabajar que cobrar
Hoy nosotros no servimos para hacer negocios?

¿Será que porque la política
Te sacaba de nuestro lado
Que aunque la llevemos en el alma
La negamos... y no la perdonamos?

¿Será por tu costumbre de llegar tarde
Por perder el tiempo con alguien,
Que si hoy llegamos temprano
Parece que nos olvidamos algo?

¿Será porque nos agarrabas de cruce con el diario,
y nos leías las noticias
que hoy estamos tan desinformados?

¿Será por tu habilidad para el baile
Que nosotros somos destacados
“Por lo troncos”?

¿Será que porque veías a la persona
Detrás de la apariencia...
Por lo que tanta... tanta gente
Te quería..?

Tal vez
Serán las inyecciones
Serán las suturas
Serán los yesos
Serán las nebulizaciones
Será el boca arriba con el “kidargol”
Será el “título” de “ser hijos tuyos”
O será la sangre que llevamos en el pecho
Lo que nos hará lagrimear
Pero no llorar
Porque sabemos dónde estas
Y es a nuestro lado

¡¡PAPÁ!!


Queco 05-06-02


Leer más...

Currumín Morocho


Su partitura escrita de segundos
el tiempo como un acordeón tocaba,
y hubo algunos que nunca descubrimos
que en sus fuelles, ariscos se ocultaban.

No vimos el luto de un eclipse,
ni se vio el firmamento desangrado;
Currumín morocho cuando fuiste,
a ofrecerte currículo en la mano.

No se vio el cielo abriéndose en la calle
que en la acera, nosotros orillamos;
sólo vimos el record que marcaste
al cruzar esta vida, este obstáculo.

Fuiste un Moisés abriendo corazones,
con tímidos milagros cotidianos;
un mesías de pueblo, sin sermones,
que en su ejemplo trataba de enseñarnos
que la felicidad es algo simple,
te la brinda el prójimo al brindarnos;
y es ingenuo dudar que Dios existe,
si en uno mismo es Dios que está actuando.

Tan mansa y erosiva como un río,
tu vida dejó estigmas de su paso.
Fuiste Botones de ambo y de barbijo,
recepcionando vida entre tus manos.

Esos niños, que al filo de tus ojos,
Recibían el mundo con su llanto;
cuando partes, al filo de los suyos,
no te dirán adiós sino llorando.

Porque llorando estrenan sus pulmones,
se empieza a respirar por propia cuenta;
como al nacer, estamos sin opciones
más que seguir sin vos, sin tu tutela.

Como a los huérfanos recién paridos,
no nos pondrán en boca los pezones,
pero enseñando el pecho del destino,
nos hicieron un mapa tus acciones.

Fue la fe tu último paciente,
respirando del aire que expirabas;
porque a vos te espera un paraíso,
si no lo había, te lo inauguraban...
y no será un adiós definitivo;
porque vos, como siempre, estás de guardia;
sonrisa, maletín, aguja e hilo;
atendiendo emergencias de esperanza…

Chivi - 2004


Leer más...

Para el hombre de los ojos más tristes



Me golpeó tu partida de repente
yo en vísperas aún, ya tu acababas;
pretendiendo ilusa que aún me reste
el preciado cobijo de tus alas.

Yo daba por sentado ciertas cosas
Como el tiempo de gracia que otorgabas
Y la tapa cayó cual guillotina
Dejando sin cabeza esa esperanza.

Y ahora el gusto a estafa se me jacta
Que no reembolsará la despedida
No existe un documento de estas pautas
Que uno cree acordadas con la vida.

El tiempo se acabó sin que me ocupe
de vos como debía...
cuántas veces naciste y yo no supe,
cuántas veces moriste y yo no estuve;
Y a lo mejor vos perdones eso
y a lo peor yo no me lo perdone.

Quisiera poder darte más que esto
Quisiera poder darte lo que eras
Me gustaría darte una leyenda
Pero la fruslería te profana
Es describir el sol como linterna
Esta rima impotente no me alcanza

Le impone protocolo a la simpleza
Que natural lubrica las palabras
Hoy que escribo mejor, no soy poeta;
Se oxidó mi frescura en verborragia

Ven y ausculta este espasmo de mi alma,
Y así sin traducciones me interpretas
Que me frustra el quererte a tus espaldas
O el sufrir con subtítulos mi pena

Estas lágrimas no son por desconsuelo
Quitándolas mi espíritu deslastro
Y me ayuda a elevarme a ver si llego
Al halo de tibieza de tu mano

Apóyala en mi frente cuando duerma,
Y aunque esté aquí del lado castigado,
No querré condenarte a estar conmigo,
Si aún me beneficias con tu amparo.
Y aunque cuando me mire en el espejo
No me encuentre tu boca ni tu risa,
Hallaré tu mirada en el reflejo,
tan triste como cuando sonreías.


Chivi - 2003

Estos versos, se darán cuenta, están muy relacionados. El primero, “Te fuiste” es el papá de todos. No sé bien cuando lo escribí, lo que si sé es que tenía el alma en carne viva y lo escribí de un saque así como está, largo y en bruto. Después de eso no pude mirarlo más por un buen tiempo, cerré el cuaderno y lo dejé… que se macere. Y así maduró, lo refiné y salió “El hombre de los ojos más tristes”, que vendría a ser el apunte que mostrás y prestás del otro verso, que sería lo que anotás en la clase. Está mucho más pulido, es lindo y contundente, cualquiera que lo lee entiende las frases al vuelo. El otro no, el otro es largo, un poco tedioso, un poco difícil… el otro es entre él y yo, el otro sangra todavía… el otro es el de verdad, pero no es para ser leído por todos; no porque sea privado, sino porque no es fácil interpretar cada frase… y en cada frase hay algo importante para mí. Por eso si me preguntan cuál poner, yo no puedo decir “ese”: uno es mi esencia y el otro es mi creación. Lean los dos y elija cada uno el que quiera.


Leer más...

Te fuiste


¿Qué se siente...? Es como cuando vas adentrándote en el mar, vienen olas pequeñas que vas saltando... alguna que te golpea la cara, pero avanzás... hasta que llega una ola grande que no podés evitar; te arrastra, te golpea, te llena de arena la boca, das vueltas y vueltas y sólo hay un torbellino de agua, luchás hasta no tener más fuerzas y cuando pensás que ya no vas a salir... de pronto estás tirado en la playa... y asustado, mareado, dolorido, con la nariz dando a tu castillo de arena destrozado, te percatás que tenés que seguir viviendo. No digo que no vayas a meterte más al mar, pero al menos vas a esperar que se te pase el dolor... y a escupir toda la arena que tragaste...
Te fuiste, simplemente
y yo no estaba;
supongo que tampoco estaba lista
y a lo mejor por eso me guardaba
un símil de ilusión de que me esperes,
que al menos me quedaba una mirada.
Tal vez estaba mal acostumbrada
a que aunque el mundo caiga vos me dabas
mil quinientos segundos más de gracia;
en el fondo con eso yo contaba,
cada vez que me iba
sabía que volvía y vos estabas.
Pero esta vez no, esta vez
no importa que me sienta o no estafada,
no me reembolsarán la despedida;
parece que esta vez no me tocaba.
Es que uno se obsesiona con las cosas
que no entran en su combo de la vida
mientras desaprovecha tantas otras...
y luego que lo piensa, se resigna;
bah, debería resignarse;
al menos en mi caso, uno se indigna,
uno llora de rabia, aunque no sirva.
Muchas veces la culpa es del orden,
de no vivir por ordenar la vida,
y "cuanto más se ordena más se pierde",
como vos lo decías.
Y al final no hubo tiempo en que me ocupe
de vos como debía...
cuántas veces naciste y yo no supe,
cuántas veces moriste y yo no estuve;
es que estuve tan poco al fin de cuentas...
es que estuve tan poco que avergüenza,
porque olvido que ahora "vos no estás"
y hay veces que te extraño por inercia
y hay veces que me olvido de extrañar.

Y a lo mejor vos perdones eso
y a lo peor yo no me lo perdone.

Mi intención no era hablar de esto,
vos podes reclamarme,
por supuesto
que al final de cuentas es esto lo que queda
vos podrás reclamarme lo que eras,
o al menos lo que fuiste para mí.

Por suerte no sólo yo te quise
así otro va a rimar tu historia
sabes cuánto te quise y sin remiendos
y sabes que estás en mi memoria
aunque no sepa adornar el sentimiento
porque mi amor por vos es algo simple,
no hubo enredos, fue sencillo amarte
el orgullo por vos, por esa parte
mía que es casi tu reflejo
porque a veces me miro en el espejo
y no tengo tu boca ni tu risa
pero a veces me oigo tus palabras
y no tengo tus ojos,
aunque a veces me mira tu mirada;
tan triste como cuando sonreías,
no hace falta, yo creo, que te diga
hoy por hoy sabrás ya tantas cosas
de estas cosas que no sabía o no tenía como comentarte.

Era más fácil cuando yo era esa,
cuando mis temores daban risa,
yo perdí la dulzura y la simpleza,
escribo mejor y soy peor poeta,
tengo menos temores, de otros dueños
la realidad de golpe me cambió las metas,
ahora a veces te sueño,
ahora a veces no sueño,
ahora casi no uso la esperanza,
(porque me lastimaba casi siempre)
y me sangran los codos de caerme,
pero nunca dejé de levantarme
aunque al alma le duela cada hueso
ya ha de aprender a equilibrarse
para evitarse los tropiezos
siempre hallo la forma de arreglarme,
creo que soy feliz aún con eso
(a menos que precise de estar triste)
porque la felicidad es algo simple
como adorarte desde el sillón de enfrente
mientras lees el diario
y la vida no sé en lo qué consiste
vos me hacés pensar que no es extraño
que tal vez la vida es lo de menos
que al menos para vos hay paraíso,
porque al pensar en vos se ve de lleno
que perder la fe resulta ingenuo
sino cómo explicar que se abrió el cielo
a mitad de calle aquella tarde
pensando en vos puedo decir de nuevo
que la vida es tal vez sólo un obstáculo
que hay que saber pasar con buen puntaje
y el tuyo está fuera de los cálculos
ese día el currículo llevaste
y hay entre vos y yo ahora un universo
pero no sé por qué
te me acercaste.

Chivi - 2003



Leer más...

Don Espinoza

Otro paciente era don Espinoza que no era de acá, de Mercedes, sino de Buenos Aires. Había venido a vivir a Mercedes con el tema del Ferrocarril y se casó con una mercedeña y se quedó.

Muy amigo de Papá, siempre discutían de política porque don Espinoza era muy peronista.

Todos sus hijos son mercedeños y dos de sus hijas, enfermeras. Yo lo conocí por una de sus hijas que es enfermera, y en esa época trabajaba (ahora ya no, se dedica a ser maestra jardinera, creo). Y era ya esa época en que había fallecido Papá, ella me pidió que lo vea al padre que ya había tenido cáncer de riñón y ahora estaba con dolores lumbares, y a pesar de que siempre se hacía ver en Buenos Aires, también quería que le controle la diebetes, etc.

La cuestión es que después de un tiempo y demás estudios resultó que Don Espinoza estaba con cáncer de nuevo, pero ya avanzado, del riñón se había ido a metatastasiar hígado. En Mercedes no había oncólogo y como él, con su Obra Social del Ferrocarril tenía muy buena atención en Buenos Aires, se fue a hacer ver allá.

Un tiempo después me dice Mercedes (la hija) que él estaba internado, ya terminal, en una UTI (unidad de terapia intensiva) de Buenos Aires, y que aunque apenas podía hablar, quería venirse a Mercedes a morir.

Se consigue una ambulancia, y lo acompaña de vuelta desde allá hasta acá como médico el doctor Eberhardt. Llega muy mal, lo tuvieron que extubar para poder mandarlo en ambulancia, estaba anémico, no hablaba, apenas se movía, respiraba con dificultad, tenía una fractura patológica en el brazo derecho (por metástasis) con un yeso y metástasis tumorales que le salían como verrugas en la cara y piel. Encima era un hombre grande de tamaño… Llegó y yo lo vi en la pieza 3 de arancelado del hospital, y bueno, fui a saludarlo y examinarlo, le dejé las indicaciones, y me fui. 

Volvía dos veces por día todos los días a verlo, y él de a poco fue mejorando, cada vez hablaba mejor y se empezaba a entender un poco lo que decía.

A la semana de internado me llama hasta la cabecera de su cama y me dice al oído con dificultad:

-“¡Gracias…! ¿Te acordás el primer día que viniste a verme?... Allí, junto a los pies de mi cama, parado al lado tuyo con su guardapolvo blanco estaba Ricardo… yo lo vi clarito…”

Don Espinoza fue mejorando cada vez más hasta que un día se fue de alta a su casa… siguió con suero y su yeso en su casa, pero comía y hablaba hasta por los codos. No se levantaba pero estaba muy bien para lo que había estado en Buenos Aires. Yo lo iba a ver todos los días y me quedaba un rato a conversar con é,l y sobre todo a contar chistes… algunos verdes… y él se mataba de risa. Los hijos decían que nunca él se reía así con ellos… (Era un tipo muy recto según dicen). 

Pero él sabía perfectamente que tenía cáncer terminal y que se iba a morir… y siempre antes de que me vaya, me recordaba “Yo me voy a morir ahogado por el cáncer en los pulmones, ahora no siento nada, pero ese día no quiero sufrir… poneme algo para que yo no me dé cuenta…”.

Evidentemente un día se empezó a ahogar… era la insuficiencia cardíaca por falla renal previa, no orinaba hacía más de doce horas. Yo estaba de guardia en hospital… y vino Mercedes y me dijo: “Papá se está ahogando”. Después de indagar un poco me di cuenta de que era el final ya… Le pregunté a Marquévich sobre una mezcla de medicamentos para sedar el cerebro y le hicimos eso, previamente Don Espinoza se despidió de todos… y después comenzó el goteo y se durmió… Pasó toda la noche dormido con la dificultad respiratoria… Yo a las ocho, corriendo en mi bicicleta fui hasta su casa a verlo, después de la guardia… Llegué y me dijo un hijo que salía de la pieza “Recién se murió… era como si estuviera esperándote…” Ellos estaban todos bien, aunque lo normalmente tristes, nada de escándalos, porque su papá se murió riéndose hasta el último día.

Queco


Leer más...

El espolón calcáneo


Me acuerdo que yo ya era médico cuando un día viene Papá y me pide que le haga una infiltración en el talón porque tenía un “espolón calcáneo”. En esa época nunca había yo hecho una infiltración (sí le había ayudado a Él varias veces) pero Él me enseñó y se dejó hacer (también se nota que le dolía mucho).
Y bueno, pero no es que se mejoró mucho con la lidocaína y la betametasona porque siguió caminando cada vez más dolorido y no podía pisar bien con el talón. Un día lo ve la abuela Vita y le dice:
-“Pero Ricardo, qué le anda pasando que camina tan mal…” . Y Papá, exagerando un poco más su forma de caminar media abierta de piernas, ya le dice:
- “No sabe, Doña Vita, tengo un espolón calcáneo que me está molestando hace varios días y ya casi no me deja caminar” - “Pero pobre Ricardo” , dice la Abuela.
Al otro día a la noche, cuando volvía la Abuela a casa, la encuentra en el camino Totó Cadenas y le pregunta:
-“Dígame, doña Vita, qué le pasa al pobre Ricardo que apenas camina?”
Y entonces la Abuela, tratando de ser explícita, le dice:
-“Pero usted no sabe, pobre Ricardo, la Cresta de Gallo lo tiene tan mal que ya no le deja caminar” . Y por supuesto, ante semejante diagnóstico, Totó abrió los ojos con una sorpresa y una risita hacia adentro de “papita pa´l loro”, pero al otro día le preguntó a Pepa si era cierto lo que dijo la abuela Vita. Y Pepa, después de aclararle a Totó, le contó a Papá. Cuando llegó a casa Papá la vio de lejos a la Abuela y le gritó:
-“¡Doña Vita!, ¿cómo se le ocurre tan luego a Totó decirle que yo tengo una “Cresta de Gallo” en lugar de un “espolón calcáneo?”, y la Vita inocentemente le contesta:
- “Es que todo es parecido… espolón, espuela, gallo… cresta…”

Para el que no sabe:
Espolón calcáneo: es una lesión en el calcáneo (hueso del talón) generalmente producida por la calcificación de un cristal de acido úrico o una lesión fascicular inflamatoria.
Cresta de Gallo: lesión genital masculina producida por un virus de transmisión sexual, el HPV.

Queco



Leer más...

domingo, 14 de abril de 2013

Palabras de un editor

Otro Ferrari más

Al final de este viaje, descubro que ustedes –gente maravillosa– me dan la oportunidad de abrir un mi corazón. Me siento raro, como fuera de personaje. Déjenme intentarlo y luego me dicen, ¿sí?
Mi profesión está tan vinculada al azar –todo esto que hacemos aquí en la editorial empezó de casualidad– que casi nunca me sorprendo con los textos que me alcanzan para trabajar. El azar, escuché, es caprichoso y –por definición– impredecible. Pero aún así no pude más que sorprenderme con el pedido de Silvana, que entró en mi casilla de correo sin anuncios ni trompetas, y los trajo consigo a todos ustedes. ¿Otros Ferraris? ¡Un universo paralelo!
Desde ese mismísimo día leí y releí las páginas de este libro, riendo con las anécdotas pintorescas y llorando con las amarguras. No sé cómo decirles; sus historias pasaron una barrera que nunca ningún texto cruza, y se acomodaron en mi regazo. Así, abrazado por sus relatos, aprendí a conocer a uno y mil Ricardos, tan distintos y tan parecidos, tantos como las almas que aquí han dejado sus palabras. Con todas esas imágenes, esa gran suma de alegrías con su pequeña cuota de tristezas, con esos sonidos, esos perfumes y esas palabras, armé mi propio Ricardo. Único, entrañable, idealista, intelectual, dedicado. Y pensando en él, descubrí que también había en estas páginas una semblanza hermosa de esa ciudad que es Mercedes. Un aguafuerte de su gente linda y sencilla, con sus brazos abiertos y sus corazones inmensos. No soy el mismo luego de leer este libro; ahora siento que los conozco. El pedido en mi correo podría haberse sido cualquier cosa: otro tratado de nutrición infantil, los resultados de una encuesta, el folleto de un nuevo medicamento. Realmente cualquier cosa. Pero por esas cosas del azar, fueron ustedes.
Gracias por abrazarme así.

Alejandro “Barba” Ferrari 


En la foto aparecen Julia, Lucas y Alejandro. No aparece Facundo, que por esos días era un sueño que está justo a punto de hacerse realidad en este abril de 2013.




Leer más...