sábado, 13 de abril de 2013

Biografía


Biografía ganadora del concurso “los que nos precedieron en la vida” de la comisión Sanmartiniana publicada en “miMercedes.com”





Equipo: ¡VIVE!
Biografía de Ricardo Rafael Ferrari Barrios


Primeros años

Ricardo Rafael Ferrari nació en la ciudad de Mercedes, Corrientes, el 3 de Mayo de 1935. Hijo de Antonia Barrios, docente por vocación, y de Cavour Ferrari, comerciante, quién falleció muy joven, a los 51 años; éste hecho resultó significativo en su vida, y lo marcó profundamente, de tal modo que afirmaba que tendría el mismo destino.
Era el mayor de sus hermanos: Elena Josefa (Pepita), que aún vive y Carlos Eduardo, quien tras la muerte del Doctor, tuvo una depresión que complicó su diabetes, dando origen a un cáncer que terminó con su vida.
Cursó sus primeros grados en la Escuela 587 del paraje Itá Corá, donde su madre era Directora, y su padre tenía un comercio de campo, allí. En cuarto grado Brown , ingresó a la Escuela “Manuel Florencio Mantilla”, donde se recibió de Maestro Normal Nacional, título que se otorgaba al finalizar la secundaria, en esa época.


Su juventud universitaria

Realizó sus estudios de Medicina en la actual Universidad de Rosario, antes llamada Universidad del Litoral. Durante ese tiempo, vivió con sus tíos, uno de ellos rector de la escuela Nacional N° 2.
Con su madre viuda, y dificultades económicas, no le resultó fácil terminar su carrera, teniendo que trabajar como celador en una escuela nocturna, para cubrir los costos que implicaban sus estudios.
En 1962 fundó con sus compañeros una asociación, en la que se desempeñó como tesorero, llamada “GEMUR” (Grupo de Estudiantes de Medicina Universitarios de Rosario), cuyo principal objetivo consistía en recaudar fondos para realizar un viaje de estudios a Europa.


Una historia de amor…

Mientras Ricardo recorría el “Viejo Mundo”, Alba, su futura mujer, lo conocía a través de fotografías, que Antonia (mamá de Ricardo), le mostraba a su alumna de Prácticas.
Alba terminó la secundaria a los dieciseis años, al mismo tiempo que Ricardo se recibía de médico, existiendo entre ellos doce años de diferencia.
Pero el destino los cruzó cuando Alba fue a Rosario a estudiar Psicología, y su padre, quien mantenía una amistad con la familia Ferrari, le pidió a Ricardo el cuidado especial de su hija. Lo que nadie esperaba, era que la cuidaría durante treinta y cuatro años. Desde ese momento, empezó la historia de amor.
El país atravesaba por la época de la “guerrilla”, y los subversivos infiltraban sus ideas políticas a las universidades con inclinaciones humanísticas. Es por ello que Ricardo no permitió a Alba terminar su carrera, ya que además pensaba que “todos los psicólogos terminaban locos”. Todo esto se vio reflejado en su singular propuesta de matrimonio: “Se te va a hacer larga la carrera…Tengo treinta y un años, quiero formar una familia y me quiero casar. Si vos vas a terminar tu carrera, voy a buscar otra; y si vos querés ser mi esposa, esa carrera a mí no me gusta, te venís para acá”.
Para este entonces, él estaba trabajando en Mercedes, en tanto ella terminaba su primer año de estudios.
Luego de un tiempo de una “relación encubierta”, debido al carácter celoso del padre de Alba, se comprometieron en Mayo de 1966, y el 5 de Noviembre de ese mismo año se casaron. Su casa familiar se ubica en España 1173.

La familia…

La pareja tuvo ocho hijos, aunque en realidad, eran doce los que tenían en mente: Ricardo Darío (“Ricky”),Sergio Cesáreo Ariel (“Queco”), Christian Cavour, Pierina Estela, Natalia Victoria, Silvana Consuelo, María Florencia, Darío Hugo.
Como padre fue excelente. Muy exigente en cuanto al estudio. Sin impartir castigos físicos, educó a sus hijos dándole suma importancia a la Literatura, una de sus pasiones, por la que solía desvelarse, leyendo…
La penitencia, en esa casa repleta de libros, era leer a los Clásicos… (Victor Hugo, Shakespeare…)
Ir de vacaciones todos los años se volvió una costumbre familiar, que reforzaba los vínculos, siendo, además, una oportunidad de esparcimiento y descanso. Y hasta en esos paseos no dejaba de adquirir “la gran herencia” que dejaría a sus hijos: libros.
Con el menor, Huguito, fue con el que compartió momentos más íntimos. Desde la concepción de Hugo, Ricardo dijo: “Va a ser un varón, y va a cerrar la familia…” Ricardo siempre le decía que por ser el último, era el que lo iba a disfrutar por menos tiempo. Aprovechó al máximo los momentos que pasaban juntos, lo sobreprotegió, “lo malcrió”… Hugo lo recuerda como un gran compañero, un excelente consejero y un gran hombre brindado a los demás.
La familia Ferrari se caracterizó por ser equilibrada. Cuando ella estaba nerviosa, él se encontraba alegre; y cuándo Ricardo estaba irritado, ella poseía la serenidad suficiente para contener los momentos. Pero había algo que siempre lo tenía preocupado y lo inquietaba, la situación de sus pacientes… Porque desde el principio de su relación con Alba, el había establecido una norma: “Primero está el paciente… después, la familia”.

“Hizo de su profesión un apostolado…”

“El Médico de todos”, “el médico de los pobres”, “El amigo yo”, “Nuestro Salvador”… todos estos son apelativos, que evocan el carácter especial del Doctor Ferrari para con sus pacientes. Estaba siempre dispuesto a brindar la mano, sin horarios, prejuicios ni pereza. Cuando golpeaban su puerta, él los atendía sin titubear, y tal era su sentido de entrega que muchas veces se encontró en las noches atendiendo a sus pacientes en pijamas y chancletas, y a la pregunta “¿Cuánto es, Doctor?”, él respondía “No, cuando tenga nomás… compre primero el remedio, después lo arreglamos”. Esta actitud adoptaba con todos sus pacientes sin distinción, demostrando así, nuevamente, sus dotes humanísticas.
Un amigo, un padre, un hermano, un compañero… pero sobre todo un “Gran Doctor”.
Con su título de Médico Cirujano, otorgado por la Facultad de Medicina de Rosario, Ricardo Ferrari ocupó diferentes cargos profesionales a lo largo de su carrera: fue practicante mayor del Hospital Roque Sáenz Peña, médico en el Hospital “Las Mercedes”, Director de la Sala de Primeros Auxilios M. I. Loza, Adscrito al Centro Materno Infantil, Jefe de Servicio de Pediatría del Sanatorio Mercedes, Director Asociado del Hospital Mercedes.
Se desempeñó también como Delegado a la Asamblea Provincial y Nacional del Congreso Pedagógico.
También se desempeñó con gran eficacia en la vida política. Fue Concejal Municipal entre 1983 y 1989 por el Partido Radical, y además se postuló para Intendente Municipal, no pudiendo llegar al cargo por diferentes causas que hacen al sistema de elecciones.
La gran cantidad de virtudes que poseía le permitió ser miembro de diferentes instituciones, sobresaliendo en cada una de ellas. Fue Presidente del Club Ferroviario por dieciocho años, integrante del Club de Leones, Presidente de Cámara Junior, Presidente del Museo Histórico, Presidente del Museo de Ciencias Naturales, Presidente del Club Itá Corá, Presidente del Rotary Club, Catequista prematrimonial de la Iglesia “Nuestra.Señora De las Mercedes”, Fundador del Centro de Rehabilitación de Niños Discapacitados, Integrante de Bomberos Voluntarios, Socio Fundador del Colegio Médico de Mercedes.
Su profesionalidad, además, se ve reflejada en los más de veintisiete cursos realizados a lo largo de su carrera, como así también en los más de cuarenta eventos en que ha participado.
Su espíritu bondadoso, solidario y dispuesto, se plasma en una de sus actitudes singulares y sorprendentes: nunca usaba reloj. Lo consideraba como un limitante, ya que para él un médico debía estar dispuesto a escuchar todo lo que el paciente quisiera contarle, y para eso se necesita de tiempo.
Es por ello que sus horarios eran imprevisibles… De regreso a casa, siempre encontraba a alguien con quien conversar y compartir sus ideas y consejos.

Tuvo grandes amigos, uno de ellos Gregorio Cañete, alias “Tatú”, bicicletero de corazón, humilde y sencillo, quien lo conoció cuando el Doctor Ferrari recurrió a él para que le realizara un trabajo. El destino quiso unirlo a esta familia, que luego de un tiempo atravesó por malos momentos al tener a una de sus hijas en grave estado. Pero con la ayuda de Ricardo, fue mejorando y recuperándose… Desde ese momento, comenzó una gran amistad. Tatú recuerda al Doctor por su bondad y sinceridad, y por su gesto de “estar siempre”. Permanentemente hacía un espacio en su agenda e iba a visitar a la familia Cañete, para preguntarles cómo estaban y llevarles a su propia casa los remedios. Gregorio, además, lo define como “El Médico de los Pobres”, por su trabajo desinteresado por los que menos tenían.


La tragedia…

Desde muy chico, Ricardo parecía predecir su muerte a una edad joven. Cuando niño siempre dijo que iba a tener el mismo final que su padre. A su suegra, a quien también brindaba sus servicios médicos, y que afirmaba que iba a partir pronto, el respondía: “Abuela Vita, usted va a ser la que me entierre”.
A su último hijo, Huguito, siempre lo trataba de una manera especial, como diciéndole con acciones que partiría pronto. Eso sí, había entre ellos una conexión más que estrecha.
Sin duda, había algo enigmático en su ser, que le permitía percibir su lamentable destino… El 15 de Mayo de 2002, la comunidad mercedeña experimentó congoja y dolor debido a la muerte del Doctor Ricardo Ferrari. El accidente que provocó las heridas fatales a Ricardo fue alrededor de las diez de la jornada mencionada, en las cercanías de la intersección de las calles Alvear y San Martín.
Se supo que en la oportunidad, un joven de veinte años conduciendo una motocicleta marca Suzuki de ciento veinticinco cilindradas, embistió al Doctor.
El accidente se produjo cuando la víctima cruzaba la calle para dirigirse al Sanatorio de las Mercedes. Rápidamente asistido, se comprobó que Ferrari había sufrido una fractura de cráneo, por lo que en horas de la madrugada de ese día, quienes lo atendieron decidieron su traslado a la ciudad de Corrientes. Sin embargo, las graves lesiones produjeron su deceso antes de llegar a la ciudad capitalina.
El día del trágico hecho, Ricardo había llegado de un viaje en el cual fue a visitar a su nieto, quien se encontraba enfermo.
Ese lunes no tenía ánimos de trabajar. Y en horas de la tarde, fue a buscar a su señora al Instituto de Formación Docente (IFD) en el que trabajaba. Una vez en ese lugar, empezó a aportar ideas para la futura comisión cooperadora del IFD, de la cual aspiraba ser presidente; pero lo hizo de una manera tal que parecía haber sabido con anterioridad que esos eran sus últimos momentos en ese lugar. Se despidió de todos, y se propuso ir a ver a una de sus pacientes que estaba internada en el Sanatorio, pero antes de esto entregó el auto a su mujer, quien lo necesitaba para realizar compras. Fue en este momento que él le dijo: “Cuidate, cuidate, cuidate… Porque vos sos muy distraída. Cuidate.” La despidió con un beso, y esa fue la última vez que Alba lo vería, antes del trágico accidente.
Al mismo tiempo que ocurría la desgracia, tuvo lugar un suceso muy especial en la casa de los Ferrari. Su hijo menor, Huguito, comenzó a sentirse mal y le dijo a su hermano mayor, Queco, quien estaba con él: “Me siento mal, no sé qué es, me duele acá”, señalando su pecho. A lo que el hermano le respondió: “Bueno, andá a dormir, no te va a hacer nada ir a dormir sin comer…” Luego de este hecho, tuvo lugar la llegada de la trágica noticia… El Doctor Ferrari había sufrido un accidente fatal.


Luego de su partida…

La comunidad mercedeña sufrió la desaparición física del Doctor Ferrari como una herida. Todos lo recuerdan como un gran médico y una gran persona.
El 3 de diciembre de 2002, año de su muerte, fue declarado por el Concejo Deliberante de la Municipalidad de Mercedes “Ciudadano Ejemplar”, reconocimiento otorgado por su actividad como médico y fundamentalmente como vecino solidario, que atendió y dio apoyo moral a cada uno de los ciudadanos que recurrió a él con su dolencia y con sus problemas, con más razón si se trataba de un hermano carenciado.
También, a los dieciséis días del mes de Agosto de 2002, la Biblioteca Popular “General San Martín”, reconoció su persona y en especial, su pasión por la Literatura, imponiendo su nombre a la Sala Infantil del establecimiento. Muchos ciudadanos hasta hoy lo recuerdan y expresan su cariño por ese gran hombre de diferentes maneras: reconocimientos, actos, placas, poemas…


“Ricardo Rafael Ferrari
Hombre honesto…
Trabajador… dispuesto…
Humilde y sobre todo, desinteresado."

Violeta Vanderlán - Mayo 2002

“¡Qué sólos nos quedamos…!”
Ofelia Pabón


Equipo ¡VIVE!:

  • María Josefina Elías 
  • Gabina Itatí Gómez
  • María Agustina Santos  

Portada de la biografía realizada por las alumnas.

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